Predecir el riesgo de ictus isquémico es un problema clínico sin resolver: la embolización trombótica —el desprendimiento de un coágulo y su desplazamiento hasta bloquear otro vaso— depende de factores anatómicos únicos de cada paciente. Incluso pacientes clasificados como «bajo riesgo» pueden sufrir ictus graves o mortales, lo que evidencia un vacío diagnóstico crítico.
Un equipo liderado por Lining Arnold Ju (Universidad de Sídney) y Yunduo Charles Zhao (Heart Research Institute, Australia) ha desarrollado una plataforma «arteria en un chip» que reconstruye la geometría carotídea específica de cada paciente, creando un «gemelo físico» de su vasculatura. El sistema reconstruyó las arterias carótidas de seis pacientes con distintos grados de enfermedad, aplicó dinámica de fluidos computacional para modelar el flujo sanguíneo real en cada estructura y usó un láser para inducir una lesión controlada en el colágeno subyacente y observar el comportamiento de coagulación resultante.
Los resultados muestran que la forma tridimensional del vaso y las alteraciones locales del flujo influyen más en el riesgo de coagulación que el grado de estrechamiento arterial, la métrica que hoy se usa clínicamente. Esto abre la puerta a evaluar fármacos antitrombóticos y diseñar tratamientos personalizados según la anatomía de cada paciente, en lugar de protocolos genéricos por nivel de estenosis.
El equipo ya está reclutando pacientes con ictus para un ensayo clínico que evaluará el beneficio directo de esta tecnología en poblaciones desatendidas. Los autores señalan que el enfoque también podría aplicarse a otras patologías vasculares, como la enfermedad arterial periférica, la trombosis venosa profunda y los aneurismas.
Artículo escrito por el equipo de redacción de News-Medical
24/08/2026
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