Las olas de calor aumentan de forma pronunciada la demanda de los servicios de urgencias, pero su impacto clínico suele cuantificarse meses después. Este retraso dificulta dotar de personal a tiempo, dirigir la comunicación y proteger a pacientes de alto riesgo, como los adultos mayores y las personas con enfermedad renal.
Un equipo del Centro para el Clima, la Salud y el Medio Ambiente Global de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard y de la Universidad de Boston, en colaboración con Truveta, ha desarrollado un enfoque de vigilancia casi en tiempo real. Analiza historiales clínicos electrónicos desidentificados, disponibles en el plazo de una semana tras cada atención, y vincula las temperaturas máximas diarias con las visitas por todas las causas, por enfermedades relacionadas con el calor, renales y psiquiátricas. El estudio abarcó 8,1 millones de visitas en 19 estados del este de EE. UU. entre 2023 y 2025.
Durante las olas de calor de junio y agosto de 2025, se atribuyó al calor el 9,2% y el 8,3% de las visitas, unas 6.986 y 6.351 atenciones adicionales. Casi el 30% de las visitas por enfermedad renal en esos periodos se vinculó con el calor, y los días más cálidos se asociaron con aumentos del 19,5% en las renales y del 8,8% en las psiquiátricas. Esta información permite validar alertas, abrir centros de enfriamiento, orientar la infraestructura de enfriamiento y evaluar medidas dentro de la misma temporada.
Los resultados se publicaron en Nature Health el 31 de agosto de 2026. Los autores defienden integrar la vigilancia rápida en los planes de acción frente al calor y la resiliencia climática.
Artículo escrito por el equipo de redacción de HospiMedica en español
05/10/2026
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